El esplendor vivo de José Ángel Valente - Por Manuel Llorente

Un libro con los poemas de amor que dirigió a su mujer y varias tesis doctorales muestran la pujanza del escritor a los 20 años de su muerte
/ Su viuda y varios especialistas evocan su legado humano y literario

"Al Norte/ de la línea de sombras/ donde todo hace agua,/ rompientes/ en que el mar océano/ se engendra o se deshace,/ y el naufragio
inminente todavía/ no se ha consumado, ciegamente/ te amo".
Este poema, SOS, es el primero que aparece en A Madame Chi, un precioso libro recoge los versos de amor de José Ángel Valente
dedicados a Coral Urrea Izcaraiz, siempre Coral, su segunda mujer. Esta antología, muy cuidada, está editada por La Cama Sol con
fotografías de Pío Cabanillas.
"Transcurridos 20 años de su muerte, la poesía de Valente sigue siendo una referencia ineludible, y es muy leída por las
nuevas generaciones. Hablo de la poesía más seria y responsable, no de ese lamentable epifenómeno de la poesía digital o de las
redes sociales. Es una referencia obligada porque sus poemas, ligados a un tiempo y a un espacio concretos, también los
trascienden. Son poemas que se convierten en intemporales. Pocos poetas consiguen esto". Es la opinión envida a este periódico
por el poeta y catedrático Andrés Sánchez Robayna, además de albacea literario de Valente.
César Antonio Molina, ex ministro de Cultura y poeta a su vez, trató en numerosas ocasiones a José Ángel Valente (Orense, 1929-
Ginebra, 2000). "Todo muere pero lo único que resucita es la palabra. Y él buscaba esa resurrección a través de las palabras
elegidas que él tenía que descubrir a lo largo del poema que lo creaba, que se le daba o se le venía encima", comenta a este diario.
"Muy cerca siempre de Barthes y el ensayismo filosófico y poético francés, decía, como el autor de Crítica y verdad, que el poeta es
aquel para quien el lenguaje crea un problema, aquel que siente su profundidad, no su instrumentalidad y belleza".
Coral Valente dice recordar de él "TODO. Su gran personalidad abarcaba tal cantidad de facetas que me resulta imposible escoger
una sola. Enumeraría su gran sentido del humor, su ternura, su libertad para expresar sus sentimientos en público. Su
comprensión, su delicadeza, su atención al otro, su innata simpatía, sus enormes conocimientos. Su mente abarcaba tantísimas
materias...". Y agrega: "Las religiones también. Su libro Tres lecciones de tinieblas, que escribió sobre las letras del alfabeto hebreo y
escuchando a Couperin, lo demuestra. Estando en Túnez tuvo charlas con dos especialistas que analizaban el Corán. Pero
todo eso no le impedía tener los pies en la tierra".
José Ángel Valente es un poeta que aunó/aúna pensamiento, intuición y búsqueda. Consciente desde muy joven de lo que se traía
entre manos, es significativo el arranque del poema que abre su primer libro: "Cruzo un desierto y su secreta/ desolación sin nombre".
Su formación, su andadura como creador fue una búsqueda solitaria, tenaz e insobornable. Prefirió el riesgo a esconderse en el
grupo. "La evolución debe ser individual y llevar el lenguaje hasta el extremo. Hay un momento en que un grupo de personas tienen
las mismas experiencias y que a eso se puede llamar generación, pero eso dura un segundo. El escritor debe seguir la carrera del
corredor de fondo", afirmó a este diario. "Hay que escribir pericolosamente".
Coral Valente, discreta, agrega desde Ginebra (donde vivían y donde el escritor falleció en julio de 2000): "Era una persona muy
normal, sin ninguna pretensión, era atento con todo el mundo. Sabía disfrutar de los amigos, disfrutaba de la naturaleza, de la
comida. Nunca escuché más buena música ni contemplé tanta pintura como viviendo con él. Tenía un gran carisma".
"La de Valente era una escritura de muchos registros, en la que caben -dentro de un tono reflexivo y muy sostenido- desde la elegía
hasta la sátira, pasando por el lirismo más puro, el apasionado poema erótico o la poesía directamente política. Con respecto a esto
último, por ejemplo, quienes le acusan de evasión mística olvidan que Valente escribió en su período final uno de los poemas
políticos más hondos e implacables de la poesía contemporánea, Hibakusha, sobre la bomba de Hiroshima. El poema es una especia
de respuesta crítica al dictum de Adorno según el cual no se puede escribir poesía después de Auschwitz", dice alto y claro Sánchez
Robayna. Y añade estos versos de ese poema: "¿Nacer al reino/ de la calcinación?/ Cuerpo del hombre/ más alto que los cielos/ ¿qué
hiciste de ti mismo?".

Artículo completo en:

https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2021/02/19/602bab3ffdddff57018b45d3.html